Thursday, September 7, 2023

Parte 1: Pensamientos en torno a “Cómo Acabar con la Escritura de las Mujeres” de Joanna Russ

Victoria Pedraza | 9/1/2023

No suelo leer muchos libros de no-ficción. Por lo general prefiero el escapismo de una novela o un cuento. Pero de vez en cuando, me encuentro con ensayos que vale la pena leer. “Cómo Acabar con la Escritura de las Mujeres” fue publicado en 1983, y es una especie de guía irreverente y sarcástica sobre las diferentes maneras que se han usado a través de la historia para negar la capacidad creativa de las mujeres.


https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Joanna_russ.jpg

Joanna Russ presenta un análisis provocador de las barreras y desafíos que históricamente han obstaculizado el reconocimiento y la apreciación de las contribuciones literarias de las mujeres. La importancia de explorar la supresión de la escritura de las mujeres va más allá del ámbito literario; se adentra en cuestiones sociales más amplias relacionadas con la desigualdad de género y la marginación de las voces femeninas.


Contexto Histórico

La supresión de la escritura de las mujeres tiene sus raíces en una larga historia de normas patriarcales y prejuicios sociales. A lo largo de la historia, las mujeres escritoras han enfrentado obstáculos sistémicos que limitaron su acceso a la educación, a las plataformas de publicación y a los lectores. Autoras reconocidas como Mary Shelley, Virginia Woolf y George Eliot tuvieron que adoptar seudónimos masculinos o neutros para navegar por el paisaje literario dominado por hombres y obtener reconocimiento por sus obras.


Estrategias de Supresión

Russ discute once técnicas para suprimir la escritura de las mujeres a través de once capítulos.

Prohibición

En este capítulo, Joanna Russ explora cómo, a lo largo de la historia, las escritoras han enfrentado diversas formas de prohibición que han limitado su capacidad para expresarse y publicar sus obras. Estas prohibiciones han surgido de normas sociales, instituciones literarias y censura gubernamental. “La ausencia de prohibiciones formales contra el arte comprometido no excluye la presencia de otras que, a pesar de ser informales, son muy poderosas.” Russ analiza cómo la prohibición ha llevado a la invisibilización y la supresión de las voces de las mujeres.


Estas prohibiciones se dan de diversas maneras, desde la falta de acceso a la formación literaria hasta los estereotipos y las barreras culturales. Tomemos, por ejemplo, el hecho de que por gran parte de la historia humana, la mujer no tenía derecho sobre la propiedad privada. En el Reino Unido, no fue hasta 1882 que se promulgó la Ley Sobre la Propiedad de la Mujer Casada, que le permitió a las mujeres casadas tener una identidad legal propia, esto quiere decir, que anterior a este año, los derechos sobre cualquier obra literaria creada por una mujer casada iban directo a su esposo.

Mala Fe

Russ examina cómo se ha utilizado la mala fe para desacreditar las contribuciones literarias de las mujeres. Esta estrategia involucra atribuir el éxito de las escritoras a factores ajenos a su talento y esfuerzo, como la casualidad o la suerte. Al hacerlo, se minimiza la habilidad y la originalidad de las escritoras, lo que socava sus logros.


Esta estrategia no solo se aplica a las mujeres, sino a cualquier grupo fuera del canon aceptado, los grupos “inadecuados”, ya sea por su sexo, color de piel, clase social, grupo étnico, en fin. Russ la llama “moralmente atroz y terriblemente estúpida”, pero eso no la vuelve menos común.

Negación de la Autoría

“¿Qué hacer cuando una mujer ha escrito algo? La primera línea de defensa es negar que lo ha escrito.” En este capítulo, Russ aborda cómo las escritoras han enfrentado la negación de su autoría, lo que implica atribuir sus obras a influencias masculinas o negar que sean las verdaderas creadoras. Margaret Cavendish fue acusada de contratar a un académico para escribir su obra, y aquellos que hayan leído mi post de hace un par de semanas “Autoras a lo Largo de la Historia”, recordaran que se duda de la autoría de la primera escritora de la historia, Enheduanna. Esta estrategia ha llevado a la falta de reconocimiento y a la disminución del valor de sus contribuciones literarias.


Como lo cuenta Russ, hay quien dice que Jane Eyre de Charlotte Brontë fue escrito por un hermano y una hermana, que Mary Shelley (autora de Frankenstein) solo proporciono “un reflejo pasivo de algunas fantasías salvajes que circulaban por el aire a su alrededor.”, o que Cumbres Borrascosas de Emily Brontë prácticamente se escribió solo. O, si lo escribió, es que era más que una mujer. Cuenta Russ que el mejor halago que tuvo Dickens para su cuñada, Mary Hogarth fue que “En su vida estuvo casi por encima de las debilidades y vanidades de su sexo y de su edad como alto es el cielo en el que ahora se encuentra.” En fin, lo que sea por negar que una mujer se sentó y escribió un libro. 

Contaminación de la Autoría

Russ explora cómo se ha insinuado que las emociones personales o los prejuicios de las escritoras han "contaminado" sus obras, disminuyendo su calidad artística y literaria. Esta estrategia desestima las creaciones de las mujeres al considerar que están distorsionadas por sus experiencias personales.


Está bien, ella lo escribió, pero está loca por haberlo hecho. Esta idea puede ser responsable en parte de la gran cantidad de autoras que escribían bajo seudónimos o de manera anónima. Las mujeres intelectuales, según Otto Weininger, son “muy masculinas”, comentario en torno al cual critica el físico de George Eliot (cuyo nombre real era Mary Ann Evans). Según Freud, la capacidad intelectual en las mujeres está ligada con el deseo de obtener un pene, porque cuando se trata de Freud todo gira en trono al pene. Y según Karl Abraham las mujeres intelectuales lo son por ser incapaces de adaptarse al rol femenino, y por supuesto son homosexuales.


Russ escribe sobre Jane Eyre, “Muchos críticos admiten sin rodeos que pensaban que si un hombre hubiera escrito el libro sería una obra maestra, pero que al haber sido escrito por una mujer resultaba escandaloso y repugnante.” Y con esa cita, todo queda claro.

El doble rasero del contenido

Esta estrategia es usada por aquellos demasiado sensatos para decir “ella no lo escribió”, o “lo escribió, pero no debió de haberlo hecho”. En su lugar dicen “lo escribió, pero no es nada que valga la pena leer.”


En este capítulo, Russ analiza cómo se ha aplicado un doble rasero en la evaluación de los temas y contenidos de las obras escritas por mujeres. Los temas considerados "femeninos" han sido desvalorizados y menospreciados en comparación con los temas considerados "masculinos", lo que ha afectado la percepción de la calidad de la escritura de las mujeres.


Básicamente, las novelas escritas por mujeres suelen tratar más sobre el personaje que la trama. Indagan, por ejemplo, sobre los sentimientos de su heroína, pero esta heroína puede nunca dejar su casa. Entonces es considerado un libro insignificante.


Esto es debido al espacio desde donde se desenvuelve la mujer de manera histórica. La experiencia es distinta, la manera de ver al mundo es distinta. Los conocimientos no son menos, sino otros. Un comentario que escribí en lápiz en el borde de la página es: “La mujer es ignorante de experiencia masculina, pero lo opuesto también es cierto.”

Falsa Categorización

En este capítulo, Joanna Russ explora cómo a lo largo de la historia, las escritoras han sido relegadas a géneros literarios específicos o categorías consideradas como "femeninos". Esta estrategia de falsa categorización ha sido una forma efectiva de limitar el alcance y la influencia de las escritoras al restringir su expresión creativa a ciertos temas o estilos de escritura que se consideraban apropiados para las mujeres.


La novela romántica o la literatura doméstica, por ejemplo, son géneros que se consideraban más adecuados para las mujeres y se les atribuían temas y enfoques más estrechos, limitando así su capacidad para explorar una variedad más amplia de temas y estilos. Esto lleva a la creencia errónea de que las escritoras solo pueden escribir sobre asuntos relacionados con la vida doméstica o el romance, lo que limita su impacto y su reconocimiento.


La imposición de géneros literarios específicos también restringía las posibilidades temáticas y narrativas de las escritoras. A menudo, se esperaba que se adhirieran a ciertos arquetipos y estructuras narrativas considerados apropiados para su género, lo que obstaculizaba la innovación y la experimentación literaria.


Para colmo, estos temas "femeninos", como el amor, la familia y las relaciones interpersonales, a menudo se menospreciaban en comparación con los temas considerados más "serios" o "importantes". Esto resulta en una percepción reduccionista de la escritura de mujeres, ignorando la profundidad y la complejidad de sus exploraciones literarias.


Conclusión (Por Ahora)

Dado que este tema es más abarcador de lo que suelo cubrir en mi blog, y me parece fundamental profundizar en todas las once estrategias de supresión de la escritura de las mujeres propuestas por Joanna Russ, por ahora los dejo con seis. No deseo limitar la exploración de cada una a un simple párrafo, ya que la complejidad de estas estrategias merece una explicación más detenida. Por ello, opto por dividir este tema en dos entregas para brindar una comprensión exhaustiva. La próxima publicación se enfocará en la segunda parte de este tema, lo que nos permitirá explorar con más detalle las estrategias restantes y comprender cómo han afectado a las escritoras a lo largo de la historia literaria.

Fuente:
  • Cómo acabar con la escritura de las mujeres (Russ, J) 4ta edición, Traducción por Gloria Fortún

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