Monday, September 11, 2023

Parte 2 Pensamientos en torno a “Cómo Acabar con la Escritura de las Mujeres” de Joanna Russ

Victoria Pedraza | 9/1/2023

La semana pasada se publicó la primera parte de este tema. Si se lo perdieron, les aconsejo leer esa publicación primero. Retomaremos desde donde nos quedamos. 

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Joanna_russ.jpg

Aislamiento

Cuando una autora logra sobrepasar las estrategias mencionadas anteriormente, y entrar al canon, hay que dejar claro que se trata de un logro aislado. A un libro, o un puñado de poemas, se les permite ser importantes, mientras que el resto de su obra, y, por tanto, ella como autora, resulta insignificante. 


Russ explora cómo las escritoras han sido presentadas como "excepciones", lo que las separa de la comunidad literaria general. Al considerarlas como casos únicos, se ha minimizado su impacto y su importancia dentro de la tradición literaria, perpetuando su marginalización.


Es en esta sección donde más me di cuenta de lo mucho que el canon ha impactado mi educación literaria. He leído a muchas autoras femeninas, pero siempre desde la gran obra de cada una. Tomemos, por ejemplo, a Mary Shelley. He leído a Frankenstein varias veces, he escrito ensayos basados en el libro, es uno de los grandes libros románticos. También es el único libro de Mary Shelley que he leído. Tiene otro, titulado El Último Hombre, que nunca he leído. Es más, de acuerdo con Russ, es difícil encontrar una edición de este. 


Ahora, para ser justos, este no es un fenómeno del que los autores escapan del todo. Por ejemplo, de Melville, solo he leído Moby Dick, de Steinbeck solo he leído Las Uvas de la Ira, y de Fitzgerald, solo he leído, El Gran Gatsby. Pero aunque yo no haya explorado más a fondo la obra de estos autores, no significa que no hayan entrado en el canon. Los tres tienen otras obras populares y ampliamente estudiadas, algo que no es cierto, por ejemplo, de Emily Brontë, cuya única novela que uno puede siquiera encontrar en librerías es Cumbres Borrascosas.

Anomalía

Aquí están las extraordinarias. Aquellas autoras cuya contribución a la literatura son innegables. Russ cita a Van Gerven: “Puesto que… únicamente las poetas contemporáneas están representadas en número considerable, queda claro que una mujer debe ser extraordinaria para destacar en su generación. Y que a un hombre no le hace falta serlo.”


Este capítulo aborda cómo se ha considerado que las escritoras son "anomalías" dentro del canon literario, en contraposición a la norma masculina. Esta perspectiva ha llevado a que sus contribuciones sean vistas como excepcionales, en lugar de ser reconocidas como una parte integral y valiosa de la literatura.


De la misma manera, se niegan sus influencias. Emily Dickenson, por ejemplo, frecuentemente se describe como una autora “hambrienta”, que no actúa de forma racional. Una poeta privada, aislada, incluso ermitaña, cuyo talento salió de la nada. En realidad leía mucho a Elizabeth Browning, a quien incluso califico de su mentora. Nadie escribe en un vacío, todo autor está influenciado por otro, y cuando niegas las influencias de las escritoras, terminas negando su capacidad para influir en el mundo. Browning es importante, no solo por lo que escribió ella misma, sino porque influyó en una de las figuras más importantes de la poesía norteamericana.

Falta de modelos a seguir

Y de esta manera cualquier mujer que quiera ser escritora se enfrenta a un masivo desaliento. Porque todas estas estrategias tienen al final un efecto muy importante. Priva a las jóvenes aspirantes de modelos a seguir. Russ explora cómo la falta de modelos literarios femeninos influyentes ha limitado las aspiraciones y las perspectivas de las nuevas generaciones de escritoras. La ausencia de figuras a seguir ha afectado la confianza en sus propias voces y ha perpetuado la idea de que las mujeres no tienen un lugar significativo en la literatura.


La gran mayoría de los planes de estudio en clases de literatura excluyen a muchas mujeres (a menos que se trate de una clase de estudios de género o similar), esto deja a las estudiantes sin precedentes. Y cuando tienen uno, casi siempre va un pero por detrás. Esta Virginia Woolf, pero estaba loca, las hermanas Brontë, pero las tres eran solteronas, lo mismo con Austen, Dickenson era antisocial, las Sra. Radcliffe promiscua, en fin. 


Y lentamente crean en el subconsciente de las estudiantes la idea de que la literatura femenina es inferior. ¿Cuál, entonces, es el caso, si es casi seguro que tu trabajo será de segunda categoría? Russ cuenta que en algún memento alguien le pregunto para qué quería ser escritora, si no había grandes escritoras mujeres. Ella contestó que sería la primera. Esta respuesta me parece sumamente triste. ¿De verdad? Miles y miles de mujeres que se han enfrentado a un montón de obstáculos para escribir, ¿y no podemos llamar a una sola Gran Escritora? La respuesta ideal, creo yo, sería “seré la próxima”.

Reacciones

Ante estas maneras de excluir a las mujeres del canon literario, ¿cómo reaccionan? La respuesta es complicada. Hay quienes admiten su supuesta inferioridad, como Elizabeth Hardwick, que dice que: “Solo las personas caprichosas, quejicas, excéntricas … dirían que cualquier obra literaria escrita por una mujer, por muy maravillosa que sea, está al nivel de los grandes logros de los hombres”. Hay quienes se rinden, como Rebecca Harding Davis, que desapareció del mundo literario por apoyar la carrera de su esposa. O cómo Simone Weil, pueden considerar el ser mujer como un hecho desafortunado y minimizarlo lo más posible. 


Otra reacción posible es la de Jane Austen. Trabajo con novelas,  un género que estaba dominado en ese tiempo y lugar por las mujeres (pocos hombres ingleses hubieran siquiera admitido que leían novelas). Tanto ella como su género literario eran considerados basura, lo cual le dio libertad. Criticó la sociedad en la que se movía con impunidad, porque su crítica no era vista como tal, era insignificante. Por supuesto que Austen era una persona muy privilegiada, dentro de lo que cabe. Tenía ingresos seguros y su familia apoyaba su escritura, fue su hermano el que más adelante se encargó de que sus libros se reimprimieran con su nombre. 


También puedes responder con ira. ¿Cuántas veces a lo largo de la historia se le ha obligado a la mujer a esconder su ira? Incluso ahora si respondes de esa manera habrá quien te acuse de loca. Pero la ira es sello de la literatura femenina. Seguramente si eres mujer, sabes de lo que hablo, es como la lava hirviendo bajo la tierra, o como una bomba con una mecha kilométrica. Cuando estalla destruye todo a su paso.

Estéticas

“Un modo de entender la literatura que puede llegar a ignorar las vidas privadas de la mitad de la raza humana no está -incompleta-: está distorsionada de la cabeza a los pies.” He aquí un ejemplo de la distorsión causada por la exclusión de mujeres en el canon: imagina una mujer (personaje) escrita por un hombre, ella es vanidosa y bella y no tiene dudad alguna de ello. Se mira al espejo para admirar su reflejo, porque es tan bella que no puede evitarlo. Imagina al mismo personaje escrito por una mujer, vanidosa y bella. Es el foco de un sinfín de inseguridades y se mira al espejo no para admirar su reflejo, sino para asegurarse de que su belleza sigue ahí. Se mira y ajusta su blusa, se mira y arregla su pelo, se mira y retoca su maquillaje. 


La mujer bonita que no tiene duda de que lo es abunda en las novelas escritas por hombres, pero no está ni en la vida real ni en novelas escritas por mujeres. La realidad es que con el canon ahora existente, se ignora la experiencia de, al menos, la mitad de la humanidad.


Impacto y Superación

Los cánones literarios han sido moldeados por la exclusión de las voces de las mujeres, lo que lleva a una comprensión incompleta de las experiencias humanas. Esta exclusión refuerza estereotipos de género, limita la empatía y refuerza las dinámicas históricas de poder entre hombres y mujeres. La marginación de las voces de las mujeres perpetúa la desigualdad de género al impedir la transmisión de perspectivas e ideas diversas.


Para superarlo, la mejor opción, creo yo, es rechazarlo del todo. Si no nos dejan entrar en su canon, crearemos el propio. Dejemos de intentar demostrar que la aseveración “las mujeres no pueden escribir” es falso, y más bien simplemente escribamos


Conclusiones

La discusión sobre la supresión de la escritura de las mujeres enfatiza la urgencia de corregir los desequilibrios históricos y abordar los prejuicios de género en curso. Al reconocer y desafiar las estrategias de supresión, los lectores pueden contribuir activamente a desmantelar estas barreras. El llamado a la acción es claro: apoyar a las escritoras, interactuar con sus obras y abogar por una representación igualitaria en los espacios literarios. Al amplificar las voces de las mujeres, contribuimos a un paisaje literario más rico e inclusivo, y a una sociedad que valora todas las perspectivas.


“Hay mucha, muchísima más literatura de calidad escrita por mujeres de lo que nadie se imagina”

References:

  • How to Suppress Women's Writing (Russ, J) 4th edition, Spanish version, translated by Gloria Fortún


1 comment:

  1. Muy interesante... me llamó la atención especialmente esa diferencia del personaje femenino abordado desde la óptica de un escritor o escritora... quizás de ahí viene el prejuicio de superficialidad que no corresponde a un género sino a algunas personas; mientras las mujeres muchas veces nos vemos en el espejo con una daga de juicio de la que pocas (incluso las más bellas) escapan

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